sábado, 9 de junio de 2012

1,1-25.


1Judas, siervo de Jesús Mesías y hermano de Santiago, a los llamados que ama Dios Padre y custodia Jesús Mesías. 2Os deseo misericordia, paz y amor crecientes.
3 Amigos, mientras os estaba escribiendo con todo empeño acerca de nuestra común salvación, me vi forzado a mandaros esta carta para exhortaros a combatir por esa fe que se transmitió a los consagrados de una vez para siempre. 4La razón es que se han infiltrado ciertos individuos, marcados desde antiguo por la Escritura para esta condena, impíos que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios y reniegan de nuestro único Soberano y Señor, Jesús Mesías.
5 Aunque lo sabéis de sobra, quiero, sin embargo, traeros a la memoria que el Señor, después de haber sacado al pueblo de Egipto, más tarde exterminó a los que no creyeron; 6y que a los ángeles que no se mantuvieron en su rango y abandonaron su propia morada los tiene guardados para el juicio del gran día, atados en las tinieblas con cadenas perpetuas. 7También Sodoma y Gomorra, con las ciudades circunvecinas, que, de modo parecido, se entregaron a la inmoralidad siguiendo deseos contra naturaleza, quedan ahí como ejemplo, incendiadas en castigo perpetuo.
8Lo mismo pasa con éstos: desvariando, contaminan la carne, desprecian todo señorío, insultan a seres gloriosos. 9El arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés, no se atrevió a condenarlo con palabras, insultantes, dijo solamente: «Que el Señor te reprima». 10Estos, en cambio, insultan lo que no conocen, y lo que saben por instinto irracional como los animales,
los corrompe. 11¡Ay de ellos! Se han metido por la senda de Caín, por dinero han caído en la aberración de Balaán y han perecido en el motín de Coré. 12Son éstos la vergüenza de vuestras comidas fraternas, banqueteando sin recato, pastándose a sí mismos. Nubes sin lluvia que se llevan los vientos, árboles que en otoño no dan fruto y que, arrancados de cuajo, mueren por segunda vez; 13 olas encrespadas del mar, coronadas por la espuma de sus propias desvergüenzas; estrellas fugaces a quienes está reservada la lobreguez de las eternas tinieblas.
14A éstos se refería aquella profecía de Henoc, el séptimo después de Adán: «Mirad, llega el Señor con sus millares de ángeles, 15para someter a todos a juicio y dejar convictos a todos los impíos de todas las impías obras que impíamente cometieron, y de todas las insolencias que pronunciaron contra él como impíos pecadores». 16Son una partida de rezongones que reniegan de su suerte y proceden como les dictan sus deseos; su boca es grandilocuente, mostrando parcialidad por las personas para sacar
provecho.
17Vosotros, queridos hermanos, acordaos de lo que  predijeron los apóstoles de nuestro Señor, Jesús Mesías. 18Ellos os decían que en el tiempo final habrá quienes se burlen de todo y procedan como les dictan sus deseos impíos. 19Son éstos los que crean división, siendo hombres de tejas abajo y sin espíritu. 20Vosotros, en cambio, queridos hermanos, asentándoos sobre el cimiento de vuestra santa fe y orando movidos por el Espíritu Santo, 21manteneo s en el amor de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor, Jesús Mesías, que dará vida definitiva.
22De los que titubean, tened compasión; 23a otros, salvadlos arrancándolos del fuego; a otros, mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por los bajos instintos.
24Al que puede preservaros de tropiezos y presentaros ante su gloria exultantes y sin mancha, 25al único Dios, nuestro Salvador, gloria y majestad, dominio y autoridad por Jesús Mesías Señor nuestro, desde siempre y ahora y por todos los siglos, amén.

EXPLICACIÓN.

El autor conoce probablemente la carta de Santiago y se identifica como el hermano del que fue líder de la iglesia de Jerusalén; se presenta así como el Judas nombrado en Mc 6,3 y Mt 13,55 entre los «hermanos» de Jesús. Es, por lo que parece, un cristiano de origen judío, que escribe en buen griego, pero que utiliza abundantemente la tradición judía.
No dirige la carta a una persona o grupo determinado, sino a todos los cristianos (a los llamados, etc.) (1). Saludo (2).

Ha cambiado su plan: quería escribir sobre la común salvación, pero ha surgido un problema que requiere una instrucción particular. La fe no aparece como una adhesión dinámica a Jesús, sino como un cuerpo de doctrina estático, impuesto por autoridad, que ha de ser defendido (combatir) (3). El autor quiere informar sobre la verdadera índole de cierto movimiento que está penetrando en las comunidades (4). Más que describirlo, enuncia una serie de rasgos peyorativos (condenación, impíos, libertinaje, rechazan, etc., cf. 2 Pe 2,1).

Ejemplos convencionales de castigo (cf. 1 Pe 1,12; 2,4.9. 10): falta de fe de los israelitas (5); el caso de los ángeles, elaborado con elementos míticos de la reciente tradición judía (6); el de Sodoma y Gomorra, que preludia la acusación de inmoralidad a sus oponentes: siguieron deseos contra naturaleza, lit. «se fueron detrás de una carne diferente», alusión a Gn 19,1-11 (7).
Acusa a los herejes en primer lugar de inmoralidad sexual; el segundo cargo no está claro: falta de respeto por ciertas potencias celestes, o rechazo de Jesús como Señor (v. 4) (8); el tercero parece entenderse por el v. 9, donde se alude a la leyenda sobre la muerte de Moisés según el libro apócrifo La Ascensión de Moisés.

Insultan lo que no conocen (10), cf. 2 Pe 2,12. Nuevos ejemplos condenatorios tomados del AT (11). Condenación retórica (cf. 2 Pe 2,13.17) (12-13). Cita del apócrifo Apocalipsis de Henoc, 1,9 (14-15). 

Nuevas acusaciones (16).

Este mal pertenece a los tiempos finales, según predijeron los apóstoles (cf. 2 Pe 3,2.3; 1 Tim 4,1; 2 Tim 3,1-5; Hch 20,19); esta frase parece indicar una fecha tardía para la composición de la carta (17-19), Exhortación a los destinatarios: la vida definitiva, esperanza para el futuro (20-21).

Precaución en la ayuda a los contagiados (22-23). Doxología, cf. Rom 16,27 (24-25). 

CARTA DE JUDAS. INTRODUCCIÓN.


Este escrito, con la segunda carta de Pedro, muestra una mentalidad muy diferente del resto del NT. Por su estilo y manera de argumentar se ve que procede de un círculo de acusada marca judía.
La carta responde a una situación concreta: en la comunidad o comunidades se han introducido falsos maestros (4) que ponen en peligro la fe y contaminan las comidas fraternas de los fieles (12). 

No se explica claramente en qué consisten sus errores, pero se les desacredita por su comportamiento. Son unos charlatanes (16b), tal vez por presumir de espirituales, mientras no tienen espíritu (19). Si negaban la mesianidad de Jesús (4) podrían representar una tendencia semejante a la que se combate en 1 Jn 1,22-23, etc. En todo caso, el autor los acusa de arrogancia (8) y de libertinaje (4.10); esta acusación hace pensar en grupos gnósticos que sostenían que lo corporal no puede manchar al espíritu. Se les amenaza con el castigo divino, inspirándose en modelos del AT: los israelitas incrédulos en el desierto (5), los ángeles (6), Sodoma y Gomorra (7) y otros (11). El autor se apoya en escritos apócrifos del AT, en particular en la «Ascensión de Moisés» (9) y el «Apocalipsis de Henoc- (14-15).

Los lectores deben aferrarse a la fe, que ya no se interpreta como una entrega personal a Dios, sino como una ortodoxia doctrinal (3.20), practicar la oración y mantenerse en el amor de Dios (20.21). Deben recordar la predicación de los apóstoles que predijeron la aparición de esa gente extraviada para el tiempo final (17-18).

El escrito no tiene casi forma epistolar. El autor se dice hermano de Santiago, que es, sin duda, el pariente del Señor (Sant 1,1; Hch 15,13, etc.; 1 Cor 15,7; Gál 1,19; 2,9) también él es, por lo tanto, pariente de Jesús, el tercero nombrado en Mc 6,3, el cuarto en Mt 13,55.

Se discute, sin embargo, tal atribución. El griego refinado y retórico en que escribe no corresponde a un judío palestinense y la referencia a predicciones de los apóstoles acerca de los tiempos finales (17.18) coloca al escrito en época relativamente tardía. Su autor parece haber sido un judío-cristiano de lengua griega, quizá en contacto con tradiciones procedentes de Judas y Santiago, y su obra puede datarse de finales del siglo I.

Las citas de escritos apócrifos, no admitidos en el canon del AT, hizo retrasar su admisión definitiva en el canon del NT, aunque en Occidente formó parte de él desde el siglo IV.